¿Qué tipos de mascarillas hay?

Si hablamos de forma genérica, existen dos tipos de mascarillas consideradas principales:

1. Mascarillas quirúrgicas. Estas son las que utilizan los médicos y enfermeros cuando están en el quirófano. Se utilizan para evitar el contacto con fluidos potencialmente patógenos. Pueden ser planas o plisadas y, normalmente, se atan en la parte de atrás de la cabeza con unas cintas.

Estas mascarillas protegen más al resto de personas que al que la lleva, ya que lo que evitan es la transmisión de agentes infecciosos de dentro a fuera.

2. Mascarillas filtrantes. Incorporan un filtro de micropartículas gracias al cual protegen, al contrario que las quirúrgicas, de fuera hacia dentro, es decir, la finalidad de estas mascarillas es actuar como barrera entre el usuario y cualquier agente perjudicial -en partículas o aerosoles-. 

Estas  mascarillas se rigen según la normativa europea UNE-EN 149 y están clasificadas según su rendimiento en:

  • FFP1 (filtro de partículas P1): se emplean normalmente frente a partículas de material inerte. Su eficacia de filtración mínima es de un 78% y su porcentaje de fuga máximo hacia el interior es de un 22%.
  • FFP2 (filtro de partículas P2): se utilizan generalmente ante aerosoles de toxicidad baja o media. Su eficacia de filtración mínima es de un 92% y su porcentaje de fuga máximo hacia el interior es de un 8%.
  • FFP3 (filtro de partículas P3): se emplean frente a aerosoles de alta toxicidad. Su eficacia de filtración mínima es de un 98% y su porcentaje de fuga máximo hacia el interior es de un 2%.

Las mascarillas filtrantes pueden tener o no una válvula de exhalación. Esta válvula ayuda a reducir la humedad dentro de la mascarilla, proporcionando así una mayor comodidad.

Además, por norma general, estas mascarillas deben ser desechadas tras su utilización si no es posible mantenerlas en buenas condiciones.